El concepto de “autodidacta” en tiempos de Internet se ha vuelto profundamente ambiguo. Lo más probable es que en otros tiempos el que se decía “autodidacta” era alguien que aprendía las cosas por sí mismo, ya fuera porque hacía un análisis echando mano de una especie de técnica de deducción o porque de alguna forma casi mágica, gracias a su talento innato y a las musas que le acompañaban podía ‘replicar’ o incluso mejorar las gracias que otras personas podían hacer, tan solo por mencionar un par de posibilidades.
Lo sé, no se antoja un proceso sencillo, pero me parece que en parte esa era la gracia de ser un “autodidacta”… se requería talento para aprender por cuenta propia.
El asunto es que ese tipo de ejercicio mental funciona increíblemente bien con ciertas cosas. Por ejemplo, con la pintura. Y tomo el ejemplo de la pintura porque además de que todos hemos visto alguna pintura, ya sea una original o una reproducción (porque aún así se pueden apreciar algunas técnicas que resultan evidentes) y porque durante mucho tiempo he repetido el cuento de que soy autodidacta de la pintura.
Si uno ha visto alguna pintura de Mark Rothko, cuyo trabajo parece no ser más que una sucesión de cuadriláteros superpuestos, uno puede hacer el ejercicio mental de desmembrar la pintura en los pasos de su proceso total y uno puede imaginarse que el pintor cubrió primero el lienzo con tal color en tales posiciones y que a partir de ahí fue construyendo la pintura para llegar al resultado final.
Sin embargo, este ejercicio deductivo no funciona en todos los casos, por eso cuando uno ve una pintura de Raimundo de Madrazo y Garreta, en las que las texturas de telas, mentales y cristales son dolorosamente parecidas a la realidad, uno no puede más que preguntarse cómo es que se logran esos efectos y no importa cuánto tiempo pase uno frente al cuadro… cuando algo no se entiende, ni observándolo durante una eternidad.
Por eso digo que eso de “soy un autodidacta” para la pintura o para cualquier gracia que uno diga que está aprendiendo solo, se ha vuelto tan relativo como amplio se ha vuelto el criterio de los observadores del proceso.
Si descargo un curso completo de pintura al óleo y practico las técnicas que ahí se explican yo solita en mi casa sin que un maestro me esté guiando o corrigiendo directamente, ¿pierdo el derecho de decirle al mundo que soy autodidacta porque tuve en efecto un instructor en video que me indicó cómo hacer algo paso a paso aunque utilice las técnicas aprendidas en aplicaciones distintas para las que se suponía que debían ser usadas?
Celebro el hecho de que la tecnología nos facilite el hecho de aprender casi cualquier cosa, al poner los recursos más a nuestro alcance; celebro también que haya personas que sean capaces de, utilizando dichos recursos, aprender y apropiarse ese conocimiento porque, como dice el dicho, se puede llevar al caballo al agua, pero no se le puede obligar a beber; celebro además el hecho de que cada vez haya más gente feliz de compartir lo mucho o lo poco que sabe acerca de cualquier cosa, aunque a veces esas cosas nos parezcan triviales o absurdas, como la manera en la que se le cambia la broca a un taladro o un método sencillo para saber que el horno ha alcanzado cierta temperatura cuando no tenemos un indicador para saberlo… siempre habrá alguien que lo pregunte (eso y cosas más pendejas, basta con navegar un ratito por Yahoo Preguntas y Respuestas para sentirse confundido y no saber si reír o llorar, literalmente) pero toda esa gente publicando su conocimiento, poco o mucho, verdadero o falso, le da forma día con día a un nuevo concepto que define al conocimiento colectivo de la humanidad, uno que está más a la mano y que es más turbio y que exige cada vez más la capacidad de discernimiento del ser humano para ser aprovechado al máximo. Lamentablemente eso es algo de lo que muchos carecen y me parece, por lo mismo, que el hecho de llamarse “autodidacta” en tiempos modernos es más peligroso de lo que lo había sido en toda la historia de la humanidad.
¿Podemos decirnos “autodidactas” entonces? Podemos, si queremos. Solo tenemos que meternos a la página de Wikipedia que define “autodidacta”, modificar la definición para que se adapte a lo que sea que queramos que “autodidacta” signifique y esperar a que alguien en alguna parte del mundo diga “debe ser cierto, lo dice la Wikipedia…” Esas, señores, son las fuentes en las que me baso.






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