Es necio intentar justificar por qué uno hace cualquier cosa.
Cuando a uno le apasiona algo, debería poder hacerlo simplemente sin necesidad de preguntarse si es lo adecuado…
Escribir para mí es un gusto al que cedo de vez en cuando, cuando el tiempo me lo permite. Citándome a mí misma hace algunos años:
Me sangraron los dedos de tanto escribir. Me volqué demasiado y mi corazón estaba un tanto maniatado, por lo que mis dedos debieron lastimarse para demostrar lo que tenía…
Y hubo un momento en el que mi lápiz se terminó y utilicé las yemas de mis dedos para seguir recorriendo el papel, la pared, el piso, el aire, porque ya no me importaba que se borrara, que no se escribiera o que alguien lo leyera… sólo me interesaba echarlo fuera.